Cristina y Cristian tenían muy claro desde el principio dónde y cómo van a celebrar su boda. Aunque Cristina es madrileña y Cristian creció cerca de Barcelona, eligieron Mallorca, porque es donde se conocieron y porque hace años que viven en esta isla tan preciosa. Los dos aman Mallorca y ya hace tiempo que es el lugar donde se quieren quedar para siempre.

En el día de su boda querían pasar el más tiempo posible con su familia, porque ya al día después estarían sentados en el avión dirección islas polinesias para su luna de miel. Así pues, tal como manda la tradición, se separaron para sus preparaciones, cada uno con su apreciada familia en un hotel muy coqueto al lado de las playas famosas de Illetas con unas preciosas vistas al mar.

Yo ya estaba con ellos desde su desayuno en casa, desde su primer café. La idea nos vino porque están viviendo en su primer piso, que fue un hito importante, aunque su sueño es comprarse una casa con jardines y terrazas grandes. Y es así que aprovechamos inmortalizar esta intimidad bella cotidiana que mucho más adelante con el paso del tiempo dejará un recuerdo único. Un recuerdo al primer hogar en común, con aquel ascensor de los años setenta y los callejones urbanos. Refleja sin duda, lo humilde que es una memoria hermosa.

Tan bonito como empezó el día en su casa, tan bonito seguía. Primero, el lugar de la ceremonia era uno de los más inspiradores de Palma, la capital de Mallorca, el Castillo de Bellver . Normalmente una ceremonia civil es relativamente estéril y poco emotiva, sin embargo unos cuantos amigos muy apreciados cogieron boli y papel e hicieron un discurso lleno de alegría, entusiasmo y emotividad. En cuanto le tocaba hablar al oficiante civil, le faltaban las palabras y se le veían los ojos húmedos por la emoción, tanto amor que volaba por el aire.

La comida y una parte de la fiesta tenían lugar en el Beach Club Puro Beach en Can Pastilla, con un ambiente blanco e ibicenco y con una vista y una puesta de sol de lo más romántico.

Y de lo romántico pasaron a la aventura. Para el baile se subieron todos a un barco pirata todo de madera que les esperaba en el puerto de Palma y que no dejaron de bailar hasta las 4 de la madrugada .

Nosotros decimos: ¡„Olé“! ¡ Que día! Cristina y Cristian, seguid con este entusiasmo y esta alegría. Ha sido maravilloso haberos podido acompañar en vuestro gran día!!!